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Una jubilación merece más que una tarjeta colectiva

Publicado el 9 de agosto de 2026 · 3 min de lectura

Una jubilación merece más que una tarjeta colectiva

La escena te suena. El sobre que pasa de mesa en mesa, la tarjeta gigante donde cada uno busca un hueco libre para encajar un «que te vaya bien» entre dos firmas ilegibles. El gran día se leen los mensajes en voz alta, la gente se ríe un poco, y luego la tarjeta acaba en una caja con las tazas y las carpetas. Para alguien que ha pasado quince, veinte, a veces cuarenta años en el mismo equipo, se queda corto.

Lo que de verdad emociona a quien se jubila

Pregunta a cualquiera que ya esté jubilado qué recuerda de su despedida: pocas veces el discurso, casi siempre las palabras personales. Un recuerdo concreto, una anécdota de obra o de reunión, un gracias que no suena como los demás. Eso es justo lo que permite una postal individual. No hace falta escribir una novela: cuatro líneas sinceras, una historia vivida juntos, y ya está.

La postal con foto que sobrevive a la fiesta

La buena idea es la foto. La del equipo al completo junto a la máquina de café, la del proyecto terminado, o esa instantánea de un seminario de la que todavía se habla. La conviertes en una postal de verdad, escribes tu mensaje, y llega a su casa unos días después de la despedida — justo cuando el teléfono deja de sonar y se empieza a echar de menos a los compañeros. El efecto no tiene nada que ver con una nota leída entre el bullicio de una fiesta.

Y si sois varios los que queréis marcar el momento, cada uno puede enviar la suya: diez postales que llegan a lo largo de las semanas dan diez veces más alegría que una firma perdida entre cincuenta. Con UnCoucou partes de una foto, escribes tu texto, y la postal se imprime y se envía desde 2,29 € todo incluido. El nuevo jubilado la pondrá en el aparador. Y ahí se quedará mucho tiempo.

Crear mi tarjeta — la primera es gratis