← El blog

Tus postales merecen algo mejor que un cajón

Publicado el 11 de julio de 2026 · 3 min de lectura

Tus postales merecen algo mejor que un cajón

Existe ese momento exacto, al volver del trabajo, en que encuentras una postal de verdad en el buzón, encajada entre dos facturas. Una foto por delante, unas palabras por detrás, tu nombre escrito a mano. La lees de pie en la entrada, sonríes, y luego... suele acabar en una esquina del escritorio, antes de deslizarse a un cajón donde se estropea poco a poco. Una pena, porque una postal recibida se guarda durante años.

Guardarlas sin estropearlas

El primer enemigo de una postal es la luz directa. Sobre un alféizar orientado al sur, una foto se destiñe en pocos meses. La humedad ondula el papel, y las gomas dejan marca. Lo más sencillo es una pequeña caja de zapatos guardada al abrigo de la luz, donde pones las postales de pie, como discos. También puedes guardarlas en una carpeta con fundas transparentes: cada postal tiene su sitio, la vuelves a ver al hojear, y no coge polvo. Si una postal te importa de verdad, guárdala plana en lugar de doblada o apretada entre libros.

Mostrarlas, no esconderlas

Una postal está hecha para verse. En vez de encerrarlo todo, saca unas cuantas. Una pinza de madera y un trozo de cordel tensado encima del escritorio, y tienes una guirnalda que cambia con cada nueva llegada. Hay quien cubre la puerta de la nevera, quien mete su postal preferida en el marco del espejo de la entrada. También puedes poner una nueva cada mes en una pequeña balda e irlas rotando. La idea es que esas palabras recibidas te sigan haciendo bien, en lugar de dormir en la oscuridad.

Convertirlas en algo que dure

Con el tiempo, tus postales cuentan una historia: las vacaciones de una amiga, el nacimiento de un sobrino, unas líneas de una abuela que ya no está. Apunta a lápiz la fecha en el reverso de las que no la tienen, y dentro de diez años te alegrarás de encontrarla. Y si te entran ganas de seguir la cadena, tú también puedes convertir una foto en una postal de verdad, impresa y enviada, desde 2,49 € todo incluido. La forma más bonita de guardar una postal, al final, es enviar una a tu vez.

Crear mi tarjeta — la primera es gratis